Muchas veces en la vida nos pasa
que nos detenemos a causa de una ceguera atormentada que niebla nuestros
corazones. Muchas veces la derrota enlentece nuestros corazones, nuestros pasos sobre el césped de la vida. Sucede que
cuando nos exponemos a la traición visualizamos un fin que no nos pertenece.
Justo al final se avizora una luz
que todos no tienen el poder de distinguir. Yo vi la luz, dejé que me poseyera,
amé la luz, amo la luz.
Hoy el mundo me parece un eterno
volver y empezar, el amor se torna dolorosamente necesario…rabiosamente
filosófico.
Tanía tu forma esa luz, me
mostraste el camino de la realidad, me abriste los ojos del alma, me describiste
un concepto que no dominaba.
Soy feliz hoy porque tú eres la
luz al final del camino, la luminaria del nuevo y certero comienzo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario